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CENTRO DE DOCUMENTACIÓN DE LA CIENCIA CREACIONISTA |
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¿Cómo evalúan los científicos la edad de restos antiguos, o de capas de la tierra? Un método bien conocido es del carbono 14, una forma radiactiva de carbono. Este método fue inventado por Dr. Willard Libby. Carbono 14 es un resultado de rayos cósmicos que convierten nitrógeno en C 14. Ese forma de carbono entra en cuerpos vivos con su comida junto al carbono 12. La concentración de C 14 debe mantenerse constante, conforme a la concentración en el aire, mientras que viva el organismo, porque entra y sale con procesos de la vida. Pero, cuando el organismo muere, ya no está recibiendo más carbono 14 por su comida. Pero, porque el carbono 14 es radiactiva, desintegra a nitrógeno otra vez a la velocidad de la mitad cada 5730 años. Entonces, poco a poco se convierte en el gas nitrógeno y escape del cuerpo. Por saber cuanto carbono 14 fue en el cuerpo antes de morir, medir cuanto carbono 14 queda en el cadáver, y medir la velocidad de desintegración, se puede calcular cuanto tiempo ha pasado después de su muerte. Sin embargo, han encontrado varios problemas con este método. Primero, se ha medido la edad de la concha de una almeja vivo por C 14 y el resultado fue que habían pasado 3000 años después de morir. Se midieron cadáveres secos de focas con una edad conocida de 30 años, y el método de carbono 14 dió una edad de 4600 años. Otros estudios nos da una idea de qué puede ser el problema. Han descubierto que algunas plantas tienen algún mecanismo que no acepta al C 14 igual como a carbono normal. Entonces, esas plantas y los animales que alimentan de ellas van a tener un bajo nivel de carbono 14 a su muerte, y eso sería interpretado cómo si había desintegrado mucho C 14 y que habían estado muertos por un largo tiempo. Al mejor, este método solamente tiene validez por unos miles de años y es solamente para organismos que estaban vivos. Para medir edades más largas de rocas se usan otros métodos de datación radiactiva, como Potasio-Argón y Uranio-Plomo. Esos métodos son semejante a eso de C 14, pero, uranio tiene una media vida de 4.500 miles de años, por ejemplo, y esos métodos son la fuente de dataciones de tales magnitudes. Hay características que todos sistemas de medir tiempo tienen en común. Primero, hay que saber la velocidad de un proceso. En un reloj eso es la velocidad a cual giran las manillas. En un sistema radiactiva, eso significa la velocidad de la desintegración. Segundo, es necesario saber que no hubiera ninguna influencia external a las cantidades o condiciones que gobiernan la medida del proceso. Es decir, que nadie ha cambiado las manillas del reloj, o que no había salida ni entrada de los elementos bajo consideración en un sistema radiactivo. Tercero, hay que establecer un punto referencia inicial. En un reloj, eso es apuntar las manillas a la hora correcta, o notar la posición de las manillas al principio de un período de tiempo que quiere medir. En la datación radiactiva, consiste en saber qué concentración tuvo el elemento radiactivo al principio del período. Si estas tres condiciones están cumplidas, entonces uno puede medir las cantidades o posiciones actuales y calcular el tiempo de un período. Pero, si no se cumple cualquiera de esas condiciones, todo la medición de tiempo está perdida. La datación radiactiva tiene problemas con cada una de estas tres condiciones. La velocidad de la desintegración radiactiva es variable y la velocidad que se usa para calcular edades es un promedio de todas las velocidades variables medidos sobre solamente los últimos 100 años. En realidad, hay evidencia que indica que sí la velocidad de desintegración fue diferente en el pasado. También hay evidencia que procesos del ambiente afectan no solamente la velocidad de desintegración sino también altera las cantidades en la muestra por difusión afuera y adentro. Y, no se sabe con seguridad las concentraciones iniciales de las materias bajo medición. Entonces, no podemos confiar en la datación radiactiva para darnos edades exactas de la tierra, especialmente si tenemos testimonio de otra fuente, como la Biblia, que contradice tales fechas. Hay varias indicaciones que dan una edad de la tierra de menos de 10.000 años. La cantidad de helio en la atmósfera debe ser un millón de veces más que es, si el uranio en la tierra hubiera estado desintegrando por 4.500 millones de años. Es como debe ser por una edad de 10.000 años. El desgaste de cometas indican que no hubiera permanecido por más de 10.000 años. El diámetro del sol está achicando, poniendo un límite de tiempo de mucho menos de un millón de años si hubiera seguido en la misma velocidad. La cantidad de polvo en la luna corresponde a una edad de 7000 hasta 8000 años según velocidades actuales de la depositación. La bajada del campo magnético de la tierra pone un límite a su edad de la tierra si hubiera sido tanto más fuerte en el pasado. Estos y otros datos científicos indican una edad bastante joven. Todos los métodos científicos tienen los mismos tres requísitos indicados arriba, y tienen posibles errores, entonces, tampoco son absolutamente confiables estas indicaciones de una tierra joven. Sin embargo, hay que notar que hay tantas o más dataciones científicas que indican una tierra joven como hay que indican una tierra antigua. Entonces, no hay que decir solamente que la ciencia indica una edad larga de la tierra. Pues la Biblia indica claramente que la tierra es joven, entonces no hay que dudar esas declaraciones en base de la ciencia. Hay que entender que ellos que promueven las edades largas de la tierra y esconden o niegan a la evidencia por una tierra joven hacen así para apoyar a la teoría de la evolución. Si la tierra tiene menos de 10.000 años, la única opción para los origenes es la creación, porque entonces no hubiera bastante tiempo para postular la evolución desde un ameba hasta un hombre. Muchos han rechazado a la Biblia y han aceptado a la evolución en base de las dataciones radiactivas sin entender las limitaciones e incertidumbres de tales dataciones. En verdad, no hay razón científica para dudar a la Biblia ni a Jesús quien dijo: "...si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?" (Juan 5:46, 47) Una tierra joven, como las escrituras de Moisés en Génesis indican, significa un orígen milagroso. Y, un orígen milagroso significa que hay un Creador que puede hacer milagros. Jesús, quien repartió cinco panes para alimentar 5.000 hombres, dijo: "Yo soy el pan de la vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás... De cierto, de cierto os digo: El que cree en mi tiene vida eterna." (Juan 6:35, 47) Hay dos opciones:
Que no se engaña. La segunda no es solamente la mejor opción, es la verdad. |
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